
Recuerdo aquella madrugada hace más de un año. Las 3:00 am quizás. Tu mensaje solo gritaba desesperación. Estaba haciendo su felicidad con la desdicha de otros. Esa vez creía que te conocía.
Desde que me conoces, siempre hemos mantenido un alto grado de respeto y confianza. Ahora, no sé quién eres.
Esa madrugada decidiste volver a nacer, cuando no lo viste llegar. El recogió sus cosas y se marchó. Se fue a sus brazos, a su pelo, a su color de piel, a su olor, sin importar que te quedaras sola. Tu hijo lo vio. Aprovecho el momento esa misma tarde en que no estabas en casa, para cometer su cruel maldad. Esa vez lo lloraste, lo sufriste, guardaste luto frente a sus propios ojos…Esa vez estuve contigo.
Por un tercero me enteré que las palabras dichas en tus momentos de desahogo, se las llevó el viento…Junto a tu vergüenza de mujer. No soy quien para juzgarte, en este cuerpo hay mucha tela para cortar, pero como es posible que vuelvas con él, otra vez.
Tengo un recuerdo vivo del día de tu boda. Hasta que la muerte los separe, les oí decir. Firmé como testigo de aquello que sin mi consentimiento fui partícipe, aunque sabía lo que había de venir.
Sé que ahora te avergüenzas, porque crees que vas a ser feliz. Por eso no me lo querías decir? Si lo hizo una vez lo hará una y mil veces. No es amor, es que conoce tus debilidades y la más importante de ellas, es que no quieres estar sola, aunque eso te cueste tu felicidad.
A las tres de la mañana te lo dije y ahora vuelvo y te lo repito: hay matrimonios que terminan bien y hay otros que duran toda la vida. Hasta que el amor se muera…
2 comentarios:
Y hay matrimonios, que simplemente no son mas que costumbre y bienestar!
ouch!
Publicar un comentario en la entrada