Dice el famoso adagio: “para que tu paso por este mundo sea trascendental debes: escribir un libro, sembrar un árbol y tener un hijo”. Este año 2011, ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas, como el año Internacional de los Bosques. Después de escribir en mi blog, me declaro escritora y por mi terca lucha en ayudar a respirar el planeta, me fui a sembrar.
Aquella mañana, iluminada por un sol radiante y mucho protector solar, decidí llenar mis manos con aquel polvo arenoso, que mezclado con la humedad que dejó el rocío del amanecer, llenó de lodo mi corazón, y la pasión llegó a su máximo nivel cuando desenvolví aquella funda de regalo en la que estaba envuelta la hermosa caoba.
Recuerdo cuando en la escuela me enseñaban el importante papel de los bosques para el desarrollo sostenible del planeta, con un incalculable valor económico, sociocultural y ambiental. Nunca imaginé que para estos tiempos más de 130,000 kilómetros cuadrados de bosques desaparezcan cada año a causa de la deforestación. Cuando muchas veces esta es convertida en tierras agrícolas, producción de madera y la creación de asentamientos humanos en las zonas que son limitadas como boscosas, contribuyendo así al calentamiento global y la desaparición de grandes hábitats y de especies animales y vegetales.
En la República Dominicana, solo el 12% de más de 48 mil kilómetros cuadrados de su territorio está cubierto por zona boscosa, con grandes reservas naturales creadas para su conservación.
Para la vida y la biodiversidad que en ella alberga, los bosques son esenciales. Gracias a ellos respiramos aire limpio, nos proveen alimento y agua para sobrevivir, la condición de nuestro clima en el presente y futuro dependerá del cuidado que les demos a los bosques.
Todavía nos falta mucho por hacer y lo primero es despertar la conciencia de lo que significan los bosques para nuestra existencia, identificar los factores que amenazan los recursos forestales, movilizar las poblaciones, en especial los jóvenes, para que participen en las actividades orientadas a la protección de los bosques.
Existe una realidad, no nos vamos a morir de hambre por querer reforestar, pero hay alternativas que pueden ayudar a aliviar los daños que podemos crear a nuestro paso. Por eso, “sembremos árboles por el planeta”. Niños, jóvenes y adultos, grupos comunitarios, escuelas, ONG, sectores del comercio y la industria, agricultores, gobiernos....A REFORESTAR!!!
Me siento casi satisfecha, he cumplido dos de mis tres “propósitos” en la vida. Y mientras exista tierra, ahí estarán mis manos sembrando vida en ella.
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